El movimiento “SLOW” no es algo nuevo aunque está viviendo uno de sus mejores momentos, sobre todo en Europa. Es una filosofía de vida de conceptos simples que se podrían resumir con la frase “encontrar la marcha adecuada para lo que hacemos a lo largo del día”. Es decir, valorar lo que hacemos y ser capaz de desconectar y disfrutar sin estrés del momento que estamos viviendo.

Habitualmente somos testigos de la vertiginosa velocidad a la que se mueve todo a nuestro alrededor y por ende somos víctimas de esa inercia. El concepto “slow” es aplicable a todos los aspectos de nuestra vida, también a nuestra forma de viajar. Sigo a multitud de gente que se dedica a los viajes y la comunicación y me fascina la forma de moverse que tienen. Pasan por los continentes como rayos absorbiendo lo máximo que pueden. Siempre inmediatos y presentes gracias a la tecnología (twitter, instagram, facebook…). Pero, ¿realmente llegan a la esencia? ¿Es necesario todo esto? Lo dudo aunque eso sí, será suficiente para producir material con el que dar forma a artículos y consejos viajeros de todo tipo, además de aumentar su número de seguidores.

¿No vamos demasiado rápido?

En mi opinión, conocer una cultura, una región, sus costumbres en definitiva la vida en un lugar necesita tiempo. Incluso cualquiera de las culturas que nos pueden parecer similares a la nuestra ofrecen multitud de detalles y formas de expresión imposibles de imaginar con un corto viaje por sus lugares. Y empaparse de esta riqueza, que define y conforma la realidad, necesita de querer involucrarse allí donde llegamos siendo el extraño.

Uno de esos momentos de espera.
Cualquier momento es bueno para relajarse y meditar un poco.

Todo el mundo ha viajado más de una vez como turista. Un destino deseado donde disfruta ya sea solo o en compañía de un nuevo entorno donde desconectar. Y es el turismo una estupenda opción de vacaciones pero cuando hablamos de viajar de verdad aquello que deberíamos buscar es conectar. Conectar con el medio, la gente, los paisajes, la gastronomía, las costumbres… Hoy en día, con un solo clic conseguimos miles de consejos e información sobre cualquier lugar del mundo. Estamos hasta arriba de buena y mala información. Pero quizás deberíamos olvidar un poco tanta planificación y perdernos a la vieja usanza. Dejarnos un poco de libros, revistas, guías, webs, blogs… y mezclarnos más con el paisaje porque es ahí donde reside el verdadero encanto de viajar. Su gran valor que nos lleva a descubrir nuevos paisajes no solo físicos sino también mentales. En nuestro interior se crearán las más grandes experiencias, únicas, que revolucionarán nuestros pensamientos y creencias como nunca antes.

Por cierto, puede que lento tenga una connotación negativa en tu cabeza, o pìensas que es imposible desacelerar. Pero recuerda que, aunque no lo creas, menos es más. O al menos mejor.

Alberto Roldán.


Algunos datos de interés.

Carl Honore y el movimiento “slow”.

Agradecimientos a Ramón Villero y su Viajes Magazine cuya lectura ha inspirado estas líneas.


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