Después de un verano eminentemente horizontal, espero que esto que sigue sirva para convertir la dilatada ausencia en anécdota.

Volver a la tierra natal ya sea tras algún tiempo vagando de un lado para otro o tras un mero viaje veraniego a cualquier destino de contrastes, permite contar con un punto de vista mucho más amplio sobre todo en cuestiones bastante banales, carentes de importancia, anecdóticas o propias del devenir diario de la vida.

Playas del levante en su típica estampa veraniega.
Una playa cualquiera de levante en su típica estampa veraniega.

Hace unas semanas leyendo un periódico británico, editado en Alicante por y para  conciudadanos anglosajones residentes en la zona, pude comprobar la presencia tan intensa que determinadas comunidades extranjeras como británicos, alemanes o nórdicos tienen en distintas zonas de la costa o islas españolas. También tuve la suerte de comprar en un supermercado 100% británico donde el personal no hablaba español y cuya oferta alimenticia dejaba mucho que desear para cualquiera nacido a la vera del Meditarráneo, eso sí, estaba abierto en domingo. Por supuesto que la sorpresa no es su presencia y disfrute de nuestra costa, sino la falta de involucración con el país de destino y sus comunidades, incluso cuando existe una gran mayoría que reside largos periodos del año o de forma permanentemente.

Esto de involucrarse con las gentes del lugar no es una cuestión relacionada meramente con la nacionalidad sino que más bien con el estilo de viajar, ser y vivir. También he conocido británicos ampliamente integrados en la cultura y sociedad española y españoles “desintegrados”  en la Gran Bretaña, incapaces de querer entender como funciona ese lugar por donde andan ahora y del que solo saben gastar saliva para quejarse. Básicamente, es una cuestión de interés por conocer y saber sobre el entorno y un interés por mostrar la realidad de una cultura por parte de aquellos que mejor la conocen, sus habitantes, y dejar de lado ,al menos un poco, el desgastado tópico.

Un claro reflejo de este interés tan necesario cuando nos movemos es hablar la lengua, pieza fundamental en el conocimiento de una nueva cultura y la principal herramienta para entender una forma distinta de ver el mundo, tanto para los que van como para los que vienen.

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