Volver a un lugar siempre alberga multitud de sensaciones y recuerdos que hasta el momento se encuentran aletargados en algún rincón de nosotros mismos. Aunque una mañana cualquiera de domingo, como esta, pueden aparecer fugaces y brillantes atraidos por el sabor del buen café.

Lo mejor quedarse con lo bueno y reirse de lo malo.

Cualquier lugar por donde andamos tiene tantas caras como personas deambulan por sus calles y rincones. Esto es algo que he podido comprobar especialmente en Reino Unido gracias a su increíble diversidad social y cultural. No es fácil llegar a ser consciente de la cantidad de realidades que nos rodean cada día constantemente, por eso mismo mejor dejarse de cosas buenas y malas, ni blanco ni negro.

Podría hablar de muchos recuerdos que me vienen a la cabeza desde que he vuelto por este trozo de tierra pero sería demasiado largo y de poco interés. Así que mejor quedarse con algo que vayas donde vayas te sirva.

En mi caso siempre me despierta recuerdos e imágenes el olor, convertido en un catalizador que se despierta automáticamente allá donde vuelvo. Me refiero al olor general de un lugar, recuerdo ahora mismo el olor fresco y húmedo de Irlanda, la penetrante fragancia de los bosques eslovenos o el dulzón de mi ciudad natal…

Prueba, a partir de ahí solo es cuestión de cerrar los ojos y no pensar mucho.

Alberto Roldán.

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