En mi cabeza las Highlands se dibujaban como un territorio sinónimo de naturaleza salvaje, donde la lluvia y el viento se desatan contenidos en paisajes vacíos de vida humana dominados por oscuros lagos y cumbres.

Y así es, Escocia en su conjunto es una joya natural y cultural que va desde sus ciudades más importantes hasta los rincones más salvajes de las tierras altas. Sin embargo, la capital de las Highlands se quedó por debajo de mis expectativas y ese síndrome de París, que tanto afecta al turista asiático recién llegado a la capital francesa, me pasó factura en Inverness.

Desde sus ciudades más grandes como Edimburgo y Glasgow hasta una costa oeste salvaje y rural con parques naturales dominados por cumbres nevadas, entradas de mar y lagos que dejan sin respiración, Escocia merece algo más que un tour express. Uno necesita perderse durante semanas y conocer a fondo no solo sus enclaves más populares como Glencoe, Oban, Fort William, Skye… también su gente.

Quizá, porque Inverness ostenta ese título de capital de las Highlands que consigue crear en la cabeza una idea que va más allá de la realidad.

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Glencoe, Highlands.

Inverness cuenta con tantos servicios como cualquier otra población media de Reino Unido. Un surtido catálogo de hoteles, restaurantes y comercios de todo tipo llenan sus calles hasta contar con un inmenso centro comercial donde uno puede dar rienda suelta a su tarjeta de crédito. Se nota que el turismo es una pieza clave y el cercano Lago Ness se ha convertido en un cebo mundialmente conocido, perfecto para atraer visitantes.

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Río Ness

La oferta de tours a diferentes puntos de las Highlands desde Inverness es inmensa. Normalmente, son recorridos guiados en minibus que acercan los puntos más conocidos y turísticos de las tierras altas. Como alternativa a pasar el día encerrado en un vehículo una de las mejores actividades que uno puede encontrar en Inverness es alquilar una bici y subir el río Ness hasta llegar al mundialmente conocido lago del mismo nombre.

De Inverness al Lago Ness

Si te planteas cambiar de residencia, vivir en Escocia presenta por un lado tener acceso a unos paisajes y una naturaleza que no se encuentra en ningún otro territorio de Gran Bretaña. Y en segundo lugar, seguir contando con oportunidades laborales gracias a las áreas metropolitanas de Glasgow y Edimburgo. Es fácil encontrar una combinación que se ajuste a las necesidades entre lo urbano y las joyas naturales con las que cuenta Escocia, gracias a las buenas líneas de comunicación entre las principales poblaciones de las Highlands y los grandes núcleos urbanos escoceses.

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Old High Church, Inverness.

Otra historia es la meteorología y las horas de luz en invierno, eso es otro desafío a tener en cuenta.

 

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